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La emotividad underground. De subversión, saludo y cariño Contracultura, cultura underground, subcultura, cultura alternativa, tribu urbana… Como se puede observar, existe una gran panoplia de categorías que guían nuestra mirada, enfocan nuestra atención hacia grupos sociales, cuadrillas, bandas, colectivos que son presentados y auto-representados bajo una vitola especial. Podría decirse que hacen referencia a grupos que pasean por los intersticios de la vida social, deambulan por los márgenes y confabulan en las guaridas de la urbe, aunque siempre –a decir verdad- visibles y dentro de la misma. Nunca fuera. Tan visibles que tal y como nos recuerda Carles Feixa incluso han sido convertidos por el mundo académico en un muy apreciado objeto de estudio, estableciéndose en su consideración dos grandes paradigmas: uno que hablaba de la “cultura juvenil” “…como modelo interclasista, en una perspectiva funcional…” (Feixa, C et. alt., 2002: 8); y otro que se expresaba en término de “Contracultura”, entendiéndola “…como la expresión de una <<nueva clase>> emergente, en una perspectiva conflictual…” (Ibidem, 2002: 8). Ahora bien, a mi juicio e independientemente del paradigma elegido lo interesante es indagar sobre aquellos aspectos que hacen que unos individuos, jóvenes o no tan jóvenes, se sientan identificados y formen parte de un grupo mayor, en esta ocasión bajo otras lógicas de comportamiento y bajo imágenes que en la mayoría de las veces se encuentran estigmatizadas por lo que representan de disidencia con respecto a la “cultura hegemónica”. Esos aspectos, como ya lo expresó el sociólogo francés Pierre Bourdieu en su celebérrimo estudio titulado La Distinción. Criterio y bases sociales del gusto (2006), hablarían de la existencia de clases sociales no sólo atendiendo a la posición del individuo o grupo dentro del campo social o, si se quiere y usando términos marxinianos, la posición que se posee dentro de las relaciones de producción, sino también a la configuración y existencia objetiva de unos mismos gustos interiorizados y compartidos por los individuos. Mismos gustos que hacen que esos individuos formen y se sientan parte de una clase social y que a su vez se perciban como distintos a otros. En definitiva, como reza uno de los apartados de dicha obra se ha de entender “el sentido estético como sentido de la distinción” (Bourdieu, P, 2006: 53). Y es Dick Hebdige uno de los autores que mejor se ha acercado desde este enfoque a eso que él mismo denomina “subcultura”, es decir atendiendo al significado del estilo. De ahí que su confesión de que le intrigan “los objetos más triviales –un imperdible, un zapato de punta, una motocicleta-” (Hebdige, D., 2002:15) no sea baladí, pues tanto en los gustos de Bourdieu como en el estilo de Hebdige parece que los componentes decorativos, objetos de uso cotidianos, peinados, jergas, estilos musicales funcionan a modo de marcadores psico-sociales. |