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Arquitectura sin firma por y para una población en movimiento
Si convenimos en que este fuese uno de los zeitgeist representativos de la época, ¿hay en nuestras ciudades alguna arquitectura que refleje y/o atienda las demandas de una gran parte de la población cuyas características son la permanente movilidad y la extrema escasez de recursos?, ¿o es que la ciudad no quiere reconocer en plenitud sino únicamente determinadas “presencias”? La ideología dominante impone modalidades de ocupación del territorio frente a las cuales los intentos de inserción de los excluidos –el simple hecho de procurar su propia existencia-, devienen prácticas de resistencia.
En tiempos de museificación de loscentros, de dispersión y tematización de lo urbano; en medio de la proliferación de arquitecturas de firma, de arquitecturas de epidermis llamativas y vistosas -emblemas poderosos de la cultura de consumo y estrategia para la venta de las ciudades-, las poblaciones itinerantes -los migrantes por necesidad, no habiendo sido reconocida su plena existencia, buscan tanto espacios intersticiales en los que asentarse, tales como cajeros automáticos, plazas, solares, pisos deshabitados o incluso, cuarteles abandonados; como el desarrollo de estrategias y dispositivos que les permitan ser y estar al interior de las condiciones extremas del capitalismo global. Más allá de las grandes renovaciones territoriales, al interior de la ciudad hay otras presencias manifiestas que generan transformaciones que aún siendo instantáneas, tienen una efectividad que invita a la reflexión. En situaciones extremas es el ingenio en el empleo de lo que se tiene a disposición el que permite intentar dominar la situación, pretender llegar a domesticarla. En una reciente conversación entre los diseñadores André Ricard y Martín Ruiz de Azua, y frente a la pregunta de Oscar Guayabero –comisario del Año del Diseño. Barcelona 2003-, acerca de qué es el diseño, Ricard lo definía como la vía que ha tenido el ser humano para superar sus importantes carencias frente a la naturaleza. La cuestión fundamental sería entonces, no tanto contar con un suficiente caudal de recursos, sino más bien afilar el ingenio para aprovechar de la manera más eficiente aquello con lo que se cuenta con el propósito de poder sobreponerse a las circunstancias. Muchos son los ejemplos que nos hablan de una acertada administración de los recursos en tiempos de extremas carencias. De ello pueden dar cuenta el Chevrolet del 51 y el sedán Buick del 59, coches balsas construidos recientemente en la Habana e interceptados en alta mar en medio de su trayecto hacía la libertad. ¿Reconocer los elementos que se tienen a disposición y establecer la manera más idónea para su óptima utilización no habrían de ser los presupuestos mínimos que habría de tener cualquier creación, diseño o arquitectura, como punto de partida? Volviendo a la ciudad, ¿qué ocurre cuando no existen ni políticas ni espacios que pretendan solucionar la problemática de los “olvidados”, de los “invisibles”, de los “ilegales”? Tanto las carencias absolutas como el necesario sorteo de todo tipo de obstáculos y peligros –detenciones, expulsiones, etc.– les conducen a la realización de intervenciones efímeras que les permitan desenvolverse en el medio hostil. Son estas intervenciones caracterizadas por la más mínima materialidad, por los más mínimos gestos, así como por su máxima efectividad, en las que quiero poner especial atención. Me detendré en el más conocido de ellos: el Top manta, visto tanto en su condición de objeto, así como en la acción misma de su emplazamiento o inserción en el espacio público.
Imágenes tomadas de la serie "Scketches from El Cairo". Golo. Mostradas en la Fundación Tapiès, dentro de Representaciones árabes contemporáeneas. El objeto En un principio era la manta. Sin embargo y con el fin de evitar ser capturados y evitar perder sus mercancías, los “irregulares” hicieron evolucionar el objeto en el que se exhibe –la manta- hacia un exhibidor mutable y adaptable, simplemente adicionándole dos cuerdas cruzadas, amarradas en sus puntas: manta-bolsa, manta-mochila. En los años veinte del siglo pasado Frédérick Kierler, quien fuera miembro del grupo De Stijl, había preconizado la necesidad de un edificio que se adecuara a la “elasticidad de las funciones de la vida.” Esta manta camaleónica pareciera hacerse eco de sus palabras: tiene la ligereza, adaptabilidad y versatilidad, que le permite adoptar una apariencia determinada, así como adquirir la función más conveniente, en consecuencia con lo que las circunstancias demandan. ¿No es este artilugio tan simple como efectivo un ejemplo de arquitectura portátil? ¿No nos habla este dispositivo de la difuminación y del cruce de límites y fronteras entre las disciplinas clásicas del diseño -aquellos a los que se refería la exposición realizada a finales del 2003 en el CCCB Nuevos Territorios del Diseño de Vanguardia. Creuats Cruzados Crossed, dentro del Año del Diseño. Barcelona? Los “invisibles” adquieren así visibilidad instantánea. Porque no quieren ser vistos, porque no pueden ser vistos: aparecen y desaparecen. De la visibilidad absoluta -expuestos como la mercancía que ofrecen-, se encuentran siempre a un paso de la mimesis con el entorno, para al más mínimo rumor, perderse entre la multitud: Ocupación instantánea, visibilidad transitoria, intercambio económico y rápida diseminación. Un ligero movimiento, motivado por un ya reflejo condicionado, convierte rápidamente la manta en bolsa y de paso a un vendedor “ilegal” en un paseante más.
Chevrolet del 51 interceptado en Julio de 2003 y Sedán Buick del 49 interceptado en febrero de 2004 La inserción en el espacio público La implantación en el paisaje urbano funciona como una red organizada: estructuras ordenadas, desplegadas en un territorio apto para ello -gran desplazamiento de peatones, congestión, densidad, ausencia momentánea de vigilancia policial. El Top manta se instala allí donde se encuentra el consumidor, donde se encuentran los mayores flujos: Portal del Angel, laterales de Plaza Cataluña y Puerto Olímpico. Urbanización fugitiva, urbanismo y ocupación informal-formal. Coreografía. Secuencia orquestada de gestos: coordinada, controlada, informada. Actúan como “Injertos”, “parásitos”, “cuerpos extraños” que se diseminan, articulan, desarticulan, rearticulan, montan y desmontan a partir de simples rumores provenientes de complejas y al mismo tiempo sencillas redes de comunicación codificadas. Son más fuertes como conjunto que como unidades, por ello aprovechan la densidad transitoria, los nudos, la pastosidad. Es más fácil escapar mientras más elementos hay en el campo. Es más difícil identificar un objetivo cuando más denso es el espacio. Es más fácil diseminarse cuando son muchos otros los focos de atención. Se genera así una densa ciudad multicolor dentro de la ciudad que provoca y seduce a través de ese patchwork de carátulas y objetos. Habitan lo público como centro de intercambio comercial estableciendo líneas perfectas que llevan inscrita la dialéctica interior-exterior: los vendedores se ubican del mismo lado, los compradores potenciales quedamos del otro. Aunque recientemente y a raíz de los continuos operativos policiales ha ido cambiando la estrategia de ocupación en red por una estrategia de atención individual y personalizada -los “ilegales” realizan circuitos por bares o se asientan en pasillos y salidas de estaciones de metro-, esta ocupación en red aún persiste, sobre todo en horas en las que baja la vigilancia o en épocas en las que aumentan los flujos y las demandas. Conviven en tanto nuevas cartografías de lo urbano que basculan entre la ocupación colectiva –simultánea- y la diseminación, nuevo signo de su evolución. El Top manta como Instant City En este punto, y a pesar de las diferencias de complejidad y propósitos, resulta sugerente recordar algunas de las características del proyecto Instant City formulado por el grupo Archigram en 1964, en relación con el Top manta. Aunque en la Instant City el propósito era acercar eventos a través de la formalización de una red transitoria altamente tecnológica que pretendía desplegar información, educación, entretenimiento, gravita en ella la idea de una “metrópolis viajera”. Tal como señala el fundador del grupo Peter Cook, en su versión del Truckborne, la Instant city se halla compuesta por elementos móviles, portátiles y ligeros que se conducen a un lugar específico para ser ensamblados de acuerdo a las características locales; se usan infraestructuras existentes o de redes de servicios para infiltrarse y conectarse a/en ellas; la ciudad instantánea permanece en un sitio por un período limitado de tiempo para ir luego a otro lugar. Aunque los fines sean distintos, reseñando sólo algunas de sus características, podemos ver al Top manta como una suerte de Instant city, sólo que de material más ligero, mas barato y menos tecnológico –aún así podríamos preguntarnos cuánta información puede albergar cada una de estas mantas. ¿Podemos sacar algo de todo esto? En tanto que arquitectura portátil y ciudad instantánea el Top manta apunta hacia asuntos fundamentales dentro la reflexión arquitectónica, ecológica y ética de nuestro tiempo: la economía de recursos y su eficiente utilización, la adaptabilidad a diferentes condiciones y circunstancias, un emplazamiento que no deja rastros en el paisaje, el aprovechamiento de infraestructuras y redes de servicios existentes. Pero en tanto que arquitectura de resistencia, y es lo que considero realmente sustancial, apunta hacia la reivindicación de derechos fundamentales. ¿No es la inserción del Top manta en lo público un ejemplo de supervivencia y de asociación, que más allá de la dialéctica legalidad-ilegalidad, nos habla de una presencia manifiesta que es preciso reconocer, así como del surgimiento de nuevas necesidades que sería preciso atender? En medio de su precariedad y antes de que el sistema les haya ofrecido una solución, los “ilegales” se han aventurado a encontrarla. Una ciudad móvil se inserta en estado de alerta sigilosa y transitoriamente dentro de la ciudad a la espera de la súbita aparición de la ley. De un momento a otro un urbanismo policial –en muchos casos de paisano– transforma el paisaje urbano. El cerco se cierra. Los cuarteles de Sant Andreu fueron finalmente derribados, y frente al derroche inconcebible, los “ilegales” siguen y seguirán arreglándoselas con lo que tienen a mano. Por un momento pongámonos en el lugar de estos ex-habitantes de los cuarteles, ¿no resulta obscena la demolición? ¿es que no puede ofrecerse una alternativa de cara a ese urbanismo que demuele y arrasa? Las soluciones punitivas basadas en operativos policiales no arreglarán los problemas de fondo e incluso podrían llegar a agravarlos. ¿Que hacer entonces, seguir persiguiéndoles para que parezca que no existen, haciendo cada vez más difíciles sus condiciones, o reconocer de una vez por todas su plena existencia? Mientras las extremas condiciones de desigualdad prevalezcan, la inmigración ilegal no tendrá solución, así que en tanto que la comunidad internacional llega a entenderlo y a poner sus esfuerzos en la raíz del conflicto, los “otros” seguirán entre nosotros. Mientras surgen las soluciones ellos seguirán inventándolas, mientras los problemas persistan sus estrategias evolucionarán. Así que en tanto que esto ocurre, podemos seguir tomando nota atenta de lo que nos cuentan los fenómenos más allá de las simples apariencias para así no culpabilizar a los que la ciudad desea cada vez más “invisible |
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