HACIA LA CULTURA EN SEVILLA, CITYMARKETING MEDIANTE:
Imputs del turismo en la cultura de la ciudad de Sevilla

Francisco Aix Gracia, artista y activista

La centralidad del monocultivo turístico en Sevilla determina la vida de la ciudad, que tras las recurridas “crisis del sector” se lanza, más allá del turismo monumental y festivo, hacia la promoción cultural espectacularizada. Una promoción espoleada por el pavoroso “tonto el último” del escalafón internacional y que alienta el grandilocuente “yo más que tú” de las ciudades globales. Es el caso de la inminente BIACS y su contribución al citymarketing. Los grandes eventos culturales, remarcados dentro del Plan Estratégico Sevilla 2010, constituirán la principal apuesta de una ciudad cuyo desarrollo cultural presenta serios desequilibrios endémicos.

El Plan Estratégico, desarrollado en 2001, contempla medidas loables para el desarrollo cultural de la ciudad, si bien observa que la cultura ha de ser objeto de una consideración estratégica como factor económico decisivo en tanto que mantiene una relación indisoluble con el turismo y el ocio. La planificación de las políticas culturales obedece, pues, en gran medida al dictado de los intereses económicos y del turismo.

La importancia otorgada a la cultura como reclamo económico y turístico se ajusta a la tónica dominante recientemente instaurada en las ciudades globales, según la cual la viabilidad de la cultura ha de medirse con la vara de la rentabilidad. La rentabilidad se impone como criterio de la bondad de la cultura, que ha de probar que satisface determinados imperativos económicos, políticos, sociales, etc. para recibir la consideración y el apoyo necesarios. En resumidas cuentas, se espera de la cultura que vista a las ciudades con las galas con las que lucir el palmito en los salones internacionales, además de que sea el chico de los recados y substituya las mermantes prestaciones de una perentoria sociedad del bienestar. Y encima que sea eficiente. Nunca la cultura y el arte fueron más asunto de negocio.

No es que renunciemos a la sostenibilidad económica de la cultura. Es más, consideramos vital este aspecto, pues de ello depende en buena medida el logro de su autonomía y la emancipación de los sempiternos clientelismos. Pero precisamente por ello, tal sostenibilidad en el desarrollo de la cultura ha de plantearse desde adentro y en términos más amplios que la cuantía de visitantes a la ciudad. Ha de pensarse en dotar el ámbito cultural de infraestructuras y dotaciones tecnológicas, de capacitaciones y de todos los recursos y medidas que contribuyan al desarrollo de la cantera y a la viabilidad de sus proyectos. De lo contrario hablaremos de la contribución de la cultura a la sostenibilidad económica de la ciudad, no del desarrollo sostenible de la cultura en la ciudad.

Estas contradicciones se hacen más flagrantes cuando tienen lugar en el seno de las artes visuales, de las que cabe esperar alto grado de autonomía. Es en este ámbito donde las iniciativas exógenas del tipo que representa la BIACS pueden tildarse de injerencias sobre el arte, de macroeventos arribistas en tanto que se formulan de espaldas a la ciudad y a su ámbito artístico.

Pero no hay mal que por bien no venga, pues no hay como una meada fuera de tiesto de este calibre para que la ciudadanía se rebele y eleve la voz crítica necesaria para organizar la resistencia. Así ha ocurrido en Barcelona con el Forum de las Culturas. No hay a penas conocedores de este macroevento que ignoren las paradojas sobre las que se ha construido y las numerosas discrepancias que ha desatado. Si es el imperativo global del turismo el que ha azuzado la instauración del citymarketing a través de la instrumentación de la cultura, ha de ser la organización y globalización de las disidencias la que va a responder desde la cultura y el arte a estas dinámicas injerentes. La creación de instancias críticas de valorización y negociación que pida para el arte lo que es del arte está servida. Y abiertas están las puertas a la reconsideración de quienes del otro lado tienen dudas. La publicación que tienes entre manos y la distribución que estas voces críticas van a tener en lo sucesivo son pruebas patentes de que, para el caso, no hay como responder al citymarketing con una buena dosis de citydissidence.