La posibilidad
de improvisar en algunas de las partes de una composición musical surge
ya, en la música considerada clásica contemporánea, hacia
la segunda mitad del siglo XX, como alternativa creativa -en algunas de las
piezas de compositores de la época- a la obra musical cerrada, totalmente
escrita. Esta iniciativa aporta, en aquella parte de la obra que el compositor
indique, nuevas inquietudes que derivarán en nuevos términos
acuñados por los distintos padrinos: música aleatoria (Pierre
Boulez), música casual (John Cage), open form (Earle Brown), etc..
Estos experimentos musicales, asociados en ocasiones al conjunto artístico
y social de la época han llevado a una mezcolanza cada vez mayor y
más rica en la que, a partir de entonces, parámetros como tímbrica,
dinámica, duración; y términos como libertad musical,
energía, espontaneidad, frescura, intuición se valoran, aún
más, frente a otros convencionalismos académicos: estructura
musical, melodía, fraseos, armonía, ...hasta prescindir de la
partitura ¿por qué no? La mayoría de las músicas
antiguas son, como la improvisación, de tradición oral. El periodo
de la música barroca (siglos XVII-XVIII) se caracterizó fundamentalmente
por la improvisación. Compositores como J. S. Bach; o posteriores,
como Paganini, eran verdaderos improvisadores. Son las reglas teóricas
de interpretación las que poco a poco, ya en aquella época,
van reduciendo las posibilidades de improvisar en los intérpretes.
Finalmente, la partitura acabará imponiéndose en una sociedad
donde se valora cada vez más aquello que “queda escrito”.
En Andalucía,
tenemos algo esencial, inherente a nuestra cultura: el flamenco. Este ha ido
evolucionando, configurándose, con mayor o menor aceptación,
dependiendo de las épocas -del siglo XVIII, datan los primeros representantes
conocidos...- a través de la improvisación. Así ha sido
siempre nuestro flamenco, el excelente arte andaluz: no encuentra razón
de ser si no hay libertad para la ejecución, no se reconoce como auténtico
si no hay, o lleva, lo que llaman duende.
La improvisación
es, en general, el fundamento de la música que se practica en otros
continentes, en otras culturas (africanas, asiáticas...). Acercándonos,
por ejemplo, a algunos ritmos africanos y a la música tradicional de
la India, encontramos estructuras musicales tan difíciles de seguir
en la métrica occidental que, directamente, se consideran improvisaciones.
El discurso
improvisado, adoptado como la forma básica de desarrollo en la ejecución
del jazz, ha servido para que la propia evolución del género
a lo largo de las décadas, en algunos intérpretes, desembocase
en el free jazz en la década de los sesenta. Música que poco
a poco fue prescindiendo de seguir ciertos patrones musicales adoptados en
décadas pretéritas.
Así,
el jazz como el flamenco, la música tradicional de la India, el rock,
incluso la posibilidad de improvisar otorgada al músico en algunas
partituras de música clásica contemporánea... son estilos
o géneros musicales que, cuando se ejecutan adoptan, en su improvisación,
características comunes propias al lenguaje en que se expresan. Derek
Bailey denomina a estas improvisaciones, idiomáticas. Él mismo,
también dedica buena parte de su libro Improvisation a analizar la
naturaleza y práctica de la improvisación no idiomática,
es decir, la llamada música improvisada libre, que él practica
desde hace más de treinta años. |
Los músicos
que practican música improvisada libre tienen, en un tanto por ciento
altísimo, una previa formación musical académica. Sin
embargo, es tremendamente difícil señalar por qué motivo
decide un músico dedicarse, en mayor o menor medida, a la improvisación
libre. Posiblemente, cada uno de ellos tendría su propia opinión,
como también una forma de concebir la práctica improvisatoria.
En general, la procedencia de estos músicos es variable, aunque podemos
encontrar -proporcionalmente, de mayor a menor- que provienen de la música
de jazz; de la música clásica contemporánea y la electroacústica;
otros, de la música proporcionada por las nuevas tendencias tecnológicas
(electrónica, vídeo, informática musical), y un último
apartado, de la conexión de la música con otras corrientes artísticas,
en la performance improvisada.
Desde
siempre los músicos dedicados a la improvisación, se han visto
obligados a agruparse en colectivos (algunos de ellos, europeos, llevan más
de treinta años de actividad -London Musicians Collective, en Londres;
o Free Music Production, en Berlin- son nombres de asociaciones de músicos
pioneras en nuestro continente), y se favorecen más de una relación
de colaboración mutua que del apoyo, siempre escaso, por parte de las
instituciones públicas en la financiación de los proyectos.
Sin embargo, si aún hoy mantienen sus entidades, obviamente es porque
la capacidad de los músicos, la calidad de los proyectos, la seriedad
en su gestión, etc. han calado en el ámbito artístico,
y ha permanecido interesando a los aficionados a lo largo de estos años
con resultados, tan obvios, como la organización de festivales internacionales,
sellos discográficos especializados, locales con programación
exclusiva, revistas especializadas, etc.
El desarrollo
de la música improvisada libre en España es reciente. Aunque
pudiera parecer que, por algunos músicos involucrados, se lleva toda
la vida detrás de un reconocimiento para esta manifestación
creativa en tiempo real, los resultados se consiguen muy a largo plazo.
Habría
que hablar de músicos con nombres concretos que, de su labor en este
terreno hace décadas, han conseguido auténticos logros, milagros.
El primer nombre que se me viene a la cabeza, como auténtico pionero,
es Llorenç Barber, y sus primeros avatares por conseguir algo más
interesante, diferente, en la cultura musical de nuestro país. Desde
que él viaja a Londres para asistir como invitado a talleres y festivales
organizados por el London Musicians Collective (Music/Context, edición
1978), donde presenta la pieza Sambori, no ha cejado en su empeño de
hacerse cargo de la animación, coordinación y programación
de talleres, festivales, encuentros con la música más arriesgada
que, afortunadamente y gracias a su incesante y peculiar insistencia, aún
hoy siguen adelante. Manifestaciones como las desempeñadas ese mismo
año con el Taller de Música Mundana, con Fátima Miranda
y Bartolomé Ferrando. Flatus Vocis Trío, sus acciones y performances
en cualquier lugar del mundo, con sus inseparables campanas, sus conciertos
abiertos con participación colectiva, desde globos aerostáticos,
campanarios, puertos marítimos, etc., el primer festival de nueva música
de nuestro país -Ensems, en Valencia; la publicación Senderos
para el 2000, las primeras ediciones de los encuentros/conciertos de Paralelo
Madrid, desde 1992 en el Teatro Pradillo; las actuales, del Círculo
de Bellas Artes, con músicos invitados que tan solo él ha conseguido
programar con conciertos en la capital como Jin Hi Kim, Joseph Celli, Evan
Parker, Jaap Blonk, Christian Marclay, David Moss... dentro del campo de la
improvisación libre se deben a su iniciativa. Chapeau, Llorenç.
Son también
pequeños colectivos independientes los que se organizan en Barcelona
y Madrid, músicos interesados básicamente en las expresiones
artísticas llevadas a cabo a través de la improvisación
las que, poco a poco, van dejando una estela de apertura para que otros artistas
(músicos, poetas, pintores, bailarines, etc.) se vayan incorporando
al terreno artístico de la improvisación libre. |
En Barcelona,
hay que destacar, sin duda, la labor que ejercen a partir de 1996, el colectivo
IBA (Improvisadores de Barcelona Asociados), con responsables músicos
como Agustí Fernández, Joan Saura, Liba Villavecchia, Ruth Barberán,
Eduard Altaba, Ferrán Fages, y el bailarín Andrés Corchero.
Este colectivo logra en poco tiempo organizar una orquesta de improvisadores
(L´Orquestra IBA), que explora las posibilidades de la improvisación
colectiva; un sello discográfico; la posibilidad de asistir un día
a la semana a conciertos de improvisación en un local de Barcelona
-JazzSí-, y un festival internacional de música y danza improvisadas,
con carácter anual (Improvisa).
La experiencia
desde Barcelona sigue en pleno auge con la programación de Agustí
Fernández, sobre música improvisada, en la Fundación
Joan Miró; y la presencia de otro colectivo, dedicado a la música
experimental, en el barrio de Gràcia de Barcelona. Con Gràcia
Territori Sonor, Víctor Nubla, su creador y principal instigador, ha
dado la posibilidad de que numerosos proyectos que difícilmente pudieran
verse más allá de su lugar de origen, puedan darse a conocer
en esta plataforma creada en 1996. Músicos de todo el mundo se dan
cita en el festival LEM, con propuestas basadas en improvisación, arte
experimental sonoro, performance, electrónica, soundscapes, en un célebre
barrio barcelonés sin fronteras para la experimentación musical.
Desde
Madrid, Musicalibre es el principal colectivo de artistas que trabajan para
impulsar y desarrollar la improvisación libre en nuestro país.
La asociación se crea en octubre de 1995, con carácter nacional,
por Pedro López, Wade Matthews, Belma Martín, Chefa Alonso,
Barbara Meyer y yo mismo. Actualmente es un colectivo que engloba a músicos,
poetas, y bailarines repartidos por la península. Ya en 1996 tuvo lugar
el primer festival internacional de música improvisada Hurta Cordel,
resultando en este sentido, pionero en España. Desde este primer año
hubo una estrecha relación con otros colectivos del país, cuyos
responsables están interesados en la improvisación libre de
forma que Hurta Cordel tuvo sus conciertos en Huesca y León, gracias
a la colaboración de las asociaciones Contrabajo y C.C.A.N., respectivamente.
La creación de una orquesta de improvisadores -FOCO, Fundación
Olivar de Castillejo Orquesta-, diferentes talleres con músicos invitados,
conciertos dos veces al mes en un local madrileño -El Juglar-, etc.
son resultados consolidados y permanentes en la actualidad. El año
pasado se editó un CD-R con los proyectos musicales de este colectivo
en el número 2 del fanzine Oro Molido.
En el
último festival, Musicalibre se asoció con el colectivo madrileño
Cruce: arte y pensamiento para, con el patrocinio del CDMC (Centro para la
Difusión de la Música Contemporánea), llevar a cabo el
VI Festival Internacional de Creación en Tiempo Real Hurta Cordel -¡Escucha!,
con más de cuarenta profesionales dedicados a la improvisación
libre repartidos entre músicos, bailarines, performers... un ciclo
de conferencias sobre la creación en tiempo real impartidas por especialistas,
y catorce sedes -el Auditorio Nacional, Universidades, Museo Nacional C. A.
Reina Sofía...- donde llevar a cabo la experiencia en Madrid, Móstoles
y León. Esta edición multidisciplinar, con participantes internacionales
de ocho países, ha servido para que nuestros músicos se relacionen
con otros llegados desde fuera, con estéticas, planteamientos, opiniones
y proyectos diferentes (una de las mayores satisfacciones de un improvisador
es poder tocar -dialogar- con otro que pueda aportarle nuevas ideas musicales
y enriquecimiento a su proceso creativo. De ahí la variedad de “escuelas”
de improvisación, grabaciones distintas, con instrumentos tan variopintos
y formaciones tan dispares).
El nivel
musical obtenido y la satisfacción del público fueron muy altos,
y para los músicos que participaron, la edición Hurta Cordel/¡Escucha!
de este pasado año, ha quedado como de las mejores en este género.
La sala
Cruce: arte y pensamiento, en Madrid, lleva dos años dedicando un ciclo
musical muy vinculado a la improvisación libre, con actuaciones periódicas
quincenales, coordinado por Wade Matthews. Es en su sede donde se pueden ver
actuaciones musicales de pequeños grupos con una categoría musical
de primerísimo nivel internacional.
La aparición
del CEDI (Centro de Desarrollo para la Improvisación) en 1997 también
contribuyó con nuevas perspectivas en este campo (seminario-forum,
actuaciones, publicación propia -Hurly Burly-, etc) coordinado por
Belma Martín y Pedro López.
Más
arriba comentaba la colaboración mutua de las personas involucradas,
muchas veces anónimas, que han favorecido decididamente el que pudieran
darse a conocer proyectos, grupos (no he querido dar excesivos nombres por
no aburrir demasiado la exposición), etc. pero cabría destacar
que, conciertos de improvisación, se han podido ver esporádicamente
en algunas de las ediciones de festivales con programaciones abiertas musicalmente,
como Musikoken (Valladolid), Punto de Encuentro (Madrid), Festival La Alternativa
(Madrid), Periferias (Huesca), Revoltallo (Valadares-Vigo), Sónar (Barcelona)
Ressò (Palma de Mallorca), etc. cuyos organizadores y promotores reconocen
la creatividad artística de los intérpretes de esta música.
Este informe
no quedaría completo sin que añada otros apoyos en la difusión
de esta música, los colectivos, festivales, textos, entrevistas, etc..
Así, en nuestro país, actualmente, hay publicaciones escritas
destinadas a este tipo de música como Margen, desde Lugo, donde se
pueden encontrar artículos muy interesantes, dirigida por Rafa Dorado
y Oro Molido, que dirijo desde Madrid; o la versión on line de Hurly
Burly(www.hurlyburly.cjb.net <http://www.hurlyburly.cjb.net>), de Pedro
López. Existen actualmente programas de radio en los que se pueden
escuchar grabaciones de improvisación libre: “El Espantasiestas”,
de Antonio Murga, en Radio Camas (Sevilla); y el mío, “Música
Difícil”, en Onda Latina, en Madrid y en Radio Rivas, en Rivas
Vaciamadrid (Madrid). También el programa en RNE-Radio 2 “Ars
Sonora”, de José Iges, emite, de vez en cuando, grabaciones de
improvisadores.
Chema
Chacón |