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Las estrategias expositivas que se han desarrollado en occidente durante los ‘80 y ‘90 no siempre han logrado resolver los prejuicios endémicos del que observa al otro “sin advertir la propia mirada” . La conceptualización de la differance propiciada por Derridá y Foucault a fines de los años ‘70 y comienzos de los ‘80, no ha sido recuperada en toda su dimensión y dramatismo puesto que el reconocimiento del ‘otro’, pasa irremediablemente por la propia conciencia, por la autorreflexibidad que exige una “descarnada” conciencia de las limitaciones culturales que poseemos para aceptar la diferencia.
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| Sabemos que este esquema binario yo-otro se ha extendido a todos los ámbitos
disciplinares más diversos, que van desde los problemas de la multiculturalidad,
la globalización en un contexto tardo-capitalista, los discursos del
género (Queer Studies), los discursos étnicos, raciales y de
clase, en un contexto poscolonial. En cada caso, se ha podido observar durante
las últimas décadas el esfuerzo de los que asumen la diferencia
y de los otros intentando resolver, conceptual y formalmente, proyectos de
difusión y ayuda que generalmente han quedado convertidos en acuerdos
de “buenas intenciones” cada vez más deudores de políticas
epidérmicas “de lo correcto” y del “masificador”
espectáculo de la democracia neoliberal, dejando de lado todos aquellos
problemas de fondo que son los que constituyen la “verdadera y oculta”
diferencia, a saber que son los problemas de participación y visibilidad
real de quienes viven y padecen la marginación, la censura, el exilio,
la inmigración y la extrema pobreza.
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