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Entrevista a Pedro G. Romero
*************** 1.- Esta antología aúna dos fenómenos, podríamos decir particulares y acotados en todo su tiempo y en todo su espacio, como el arte de vanguardia y la ciudad de Sevilla, con otro, mucho más amplio, basado en el concepto de lo sagrado. Tal como acotas las tres referencias en tu abigarrado estudio introductorio, creo que es el concepto de “lo sagrado” el que necesita un mayor esfuerzo aclaratorio debido a lo que tu mismo llamas “trasiegos de significados” y “malentendidos”. Bueno, en algún momento del libro este debate se clausura con una apelación al entendimiento popular, a lo que el común de las gentes entiende por lo sagrado, o sea, en Sevilla, la cosa religiosa, las creencias, la iglesia y los ritos. Para poder acotar la antología de alguna manera lo sagrado se ha circunscrito a su caricatura más atroz y atractiva, la forma meridional que adquieren los ritos festivos de la iglesia católica. Ese “trasiego de significados” y esos “malentendidos” a los que haces referencia tienen que ver con que el artista moderno, el militante vanguardista, siempre es un extranjero, haya nacido en París o en Triana. Así, los sevillanos que aparecen en el libro –sevillanos y radicalmente modernos, que los hay, incluso vanguardistas, por mucho que quiera negarlo la nueva inquisición- se comportan como los turistas y ponen letras como de no entender nada. Y sus paisanos, pues eso, que no les entienden, ¡pero cómo iban a entender a Rafael Laffón si escribía en extranjero! Ya lo dice la canción Sevilla tiene dos partes bien diferentes, una la de los turistas y otra donde vive la gente, pero pasa que, a veces, estas dos ciudades, como en este libro ocurre, se han mezclado.
2.- A mi entender, son las observaciones desde diversos campos (antropología, sociología, filosofía, estudios literarios y de arte, etc.) acerca de lo sagrado, las que han propiciado lo que yo llamaría una pequeña revolución epistemológica, un pequeño gran cambio sobre modos de observación del fenómeno cultural, del estudio, de los acercamientos a la realidad o de los modos de hacer arte. En todo ello parece que este libro tiene arte y parte. Claro, que volviendo a entender lo sagrado en un concepto muy amplio, de límite, fronterizo, un concepto que bordea con lo irracional y lo desconocido, un concepto tan amplio y pantanoso, que la verdad, muchas veces se utiliza como un desierto en el que perdernos. Y bueno, este libro es posible, entre otras cosas, gracias al vagabundeo perdido por esos mismos desiertos. Sin un libro, sin el proyecto filosófico Homo Sacer, del que el filósofo italiano Giorgio Agamben lleva ya publicado tres o cuatro volúmenes, esta colección de textos reunidos y mi intento por leerlos de nuevo serían una tarea imposible. Agamben, a través de una relectura de lo que Foucault llama la biopolítica, acomete la empresa de volver a pensar lo sagrado, discerniendo de paso muchos de los conceptos límites de occidente: el valor de la vida, la dimensión política, la construcción del lenguaje, etc. Lo curioso es que con Agamben contacte en un curso que organizaban bajo los auspicios de la revista Sibila y resulto ser un empedernido viajero que cada primavera visitaba nuestra ciudad para, entre otras cosas, asistir a las corridas de toros, afición que le había transmitido su buen amigo José Bergamín. Y Foucault, pues bueno, cuando conceptúa por primera vez el término biopolítica es después de la narración de unos amigos, que habían viajado por Sevilla en los mismos días de la muerte de Franco, y en la narración de esa patética muerte en la que el poder supremo del dictador es preso de un poder aun superior –tremendo ese parte médico final- toma cuerpo el término biopolítica, para definir sus trabajos de aquel año –durante el curso “¿Hay que defender la sociedad?” en 1976, en la Sorbona- sobre el poder. Quiero decir, que en una segunda parte del libro, seguramente alguno de estos dos pensadores podría estar. 3.- Desde el sacrificio ritual a los sincretismos que vemos todos los días en Sevilla, lo sagrado es una posibilidad humana que no debe ser ni demonizada desde las instancias teológicas ni trivializada desde la explicación científica, que parece ha sido precaria en gran parte de los casos. Es cierto que determinados fenómenos que nos parecen curiosos o misteriosos no lo son tanto una vez que los describimos, que los narramos, aunque también las analogías que utilizamos para ello puedan tener trampa. Haciendo un pequeño guiño a Sevilla, ¿se ha convertido lo sagrado en un misterio que nos sirve de guía, por ejemplo, para recorrer la ciudad, para hacer arte, para hacer este libro, para reflexionar sobre lo humano sin lo divino?
4.- Hay actualmente estudiosos, especialmente italianos, y pienso ahora en Giorgio Agamben o en Carlo Ginzburg, que han hecho reflexiones especialmente lúcidas sobre lo sagrado y su relación con la política. En tu libro está muy presente el “caso Debord”. Parten de que la retórica y los elementos de lo sagrado han sobrevivido a la secularización operada en occidente desde el siglo XIX. De esa pervivencia ¿qué ha podido quedar en la política? ¿quizá los modos de representación, la dramaturgia del poder político de nuestros días? Claro, no sólo italianos, también los pensadores franceses... Atendiendo a la parte más meridional y católica, creo que Bataille es clave. En la introducción al libro se habla del ejemplo extremo de Guy Debord. En un momento de sus memorias elige a Sevilla como una de sus ciudades preferidas. ¿Por qué?, me pregunte. Y el autor de La sociedad del espectáculo no se libra de ninguno de los tópicos: desde las retóricas del poder barroco hasta las resistencias populares del cante flamenco. Como viajero, como un turista más, Debord apenas mira la Sevilla contemporánea que visita en los años 80. Si lo hace con Barcelona o Madrid o Málaga, incluso. Aquí prefiere verter su retórica buscando rastros de la antigua Babilonia, capital del imperio económico en los siglos XVI y XVII. Pensándolo atentamente encontramos muchos de estos registros, de estas lecturas en sus propias tesis de La sociedad del espectáculo. Algunas veces pienso que el libro es a nuestro siglo XX lo que El discurso de la verdad de Mañara a la Sevilla del siglo XVI. Un sermón moralista. Muy lúcido, pero sin perder ese tono de condena. Claro que la valentía de Debord pasa por no proponer más allá ninguno, ni mundos nuevos, ni utopías. Modestamente se limita a entregarnos una caja de herramientas y muchas de esas herramientas, se le instrumentalizaron reflexionando sobre ese monstruo capital, esa fábrica de imágenes de lo poderoso que era la Sevilla del imperio. 5.- Desde presupuestos como los citados se explica que lo religioso fuera epicentro de la revolución política del primer tercio del siglo XX, sobre todo en el sur de Europa, y concretamente en el caso español. ¿No crees que las revueltas anticlericales en España han sido, como decía antes, o bien demonizadas o bien trivializadas por una precaria explicación historicista? Desde luego. Es un tema al que le han huido, por ejemplo, los historiadores serios de la guerra civil española y claro, la cosa ha caído en manos de carroñeros como Pío Moa, César Vidal, Ricardo de la Cierva. O en delirios mitológicos como los de Nicolás Salas. Y la cosa tiene una importancia tremenda. Creo que es un fenómeno capital –bueno, de hecho el Archivo F.X. se dedica básicamente a esto- y a ello le debemos las magníficas aproximaciones de Manuel Delgado y los estudios históricos de Gabriele Ranzato, que ni tan siquiera ha sido traducido al español. Se me ocurre el caso de Sevilla, que tú también conoces bien. Muchas veces se silencia la importancia del fenómeno por la evidencia iconodúlica y religiosa de esta ciudad, por sus tradiciones folklóricas y su industria turística, vaya por una serie de evidencias que nadie niega –desde la Semana Santa hasta el Rocío- pero que tampoco podemos negar que son, también, el origen de que las primeras revueltas protestantes o espiritistas tuviesen su epicentro en Sevilla, o que las dieciocho iglesias que se quemaron en el 36 respondan a la misma lógica estructural de la Semana Santa, pero, en fin, nadie quiere mirar esto, nadie quiere estudiarlo, la universidad se ha refugiado en la antropología estadística, en la historia económica y en la sociología de números y nadie quiere entrarle a los fantasmas, a los mitos, al caudal de lo simbólico. Pensaran que de no ser así, se va a espantar a los turistas, me temo.
6.- Acompañas tu libro de un mapa-guía donde indicas “los lugares sagrados” de la ciudad. Y has insistido en otros proyectos también en esta vertiente topográfica que casi pretenden acondicionar las ciudades como se acondiciona una sala de exposiciones. La topografía en el Archivo FX es un elemento central.
Claramente es parte del trabajo central en el Archivo FX. Y no sólo en Sevilla, cuando trabajo en alguna otra ciudad esa dimensión topográfica es fundamental. Es lo que me queda de escultor, por eso siempre lo subrayo. Al fin y al cabo se trata de trabajar la misma lógica del monumento, su dimensión histórica, simbólica, social, formal,... pero sin monumento. Y muchas veces con una clara voluntad antimonumental. Es más, identificando el monumento, es decir el trabajo del artista, con el esfuerzo mismo de cualquier miembro de una comunidad, por eso mismo, por hacer comunidad. Siempre he considerado que el trabajo del arte era un trabajo político, no solamente en el aspecto etimológico sino también en su lado menos afable, en el lado más a ras de tierra que tiene la política. Tradicionalmente ese era el trabajo que se le encomendaba al escultor en la plaza pública, con una intención política. Por eso cuando se piensa que muchas de estas esculturas la historia las ha dejado en manos de la industria turística, no se trata de un abandono inocente sino que está impregnado de intencionalidad política. Una de las grandes luchas políticas de nuestro tiempo debería de darse contra los touroperators; el poder ha dejado en sus manos la dimensión simbólica de nuestras ciudades. Y esta discriminación simbólica la sufren nuestros inmigrantes, la acabaran sufriendo los ciudadanos mismos de esta ciudad. 7.- Citas en tu libro a Félix de Azúa muy certeramente en su alusión a Andalucía como uno de los últimos territorios míticos y por ello todavía abonado al misterio, a lo sagrado, a lo macabro o a lo flamenco por ejemplo... También la teoría de “la fiebre de lo español” que describe Angel González García como sustrato de todo lo voluptuoso y excesivo en la literatura y la pintura desde finales del siglo XIX en adelante; así recoges el caso de Bataille. Desde la óptica de tu libro ¿cómo forma parte Sevilla de esta extremosidad? Bueno, estamos hablando de ello ¿no? Es un fantasma extremo éste de Sevilla, y no puede tratarse de forma acrítica. Hay un proyecto de un profesor colombiano Armando Silva - se llama Culturas urbanas (amén de los grandes nombres de la identidad, uno encuentra sorpresas como que los habitantes de Cartagena de Indias designen al gris como color simbólico de su ciudad) - y es un estudio de las fantasmagorías que proyectan las ciudades latinoamericanas a principios del siglo XXI, y piensan incluir a Sevilla –con Barcelona, Miami y Los Ángeles creo que son las excepciones al tópico geopolítico-. Será muy interesante ver la realidad simbólica de esta ciudad, lo que se esconde dentro de esos mismos mitos que están en tu pregunta y que son los que siguen operando... por ejemplo, tenemos el caso, ahora mismo de los dos timadores suizos. Vienen a Sevilla y, unos, los productores de la megaoperaespacial Carmen logran venderle al alcalde una operación de promoción digna del Bienvenido Mr. Marshall de Berlanga, donde los sevillanos, dándole una vuelta de tuerca más al tópico, se van a disfrazar de sevillanos mismos. Y después Harald Szemman, un suizo que fue capaz de limpiar de tópicos el arte suizo, las preguntas sobre la identidad misma de los suizos – ya saben, 500 años de democracia en suiza dieron el reloj de cuco, mientras la Sevilla que explotaba a sangre y fuego las Américas dio a Velázquez, Murillo, Carmen, Don Juan, los toros, el flamenco...- en aquella Suiza Visionaria que presentó en la Expo del 92, y ahora llega, pide un libro de letras de Camarón y ¡ala!, que bonita ésta, la alegría de mis sueños, que no tiene ninguna gracia, claro quizás en alemán Die Freude meiner Träume, así suene más cerca de Holderlin que del soniquete canastero – un gadita le daría otra traducción: ¡qué Freud aminore mi trauma!, pero a los suizos aún no les han ofrecido dinero en el carnaval de Cádiz- pero es que le hacen caso, y montan este timo y les hacen caso. Y en la política de las cosas de la ciudad se abandonan la Bienal de Flamenco y el CAAC, en vez de aunar esfuerzos y de convertirlos en instrumentos políticos al servicio de la ciudadanía... Esa extremosidad está cayendo en meras operaciones especulativas entre económicas y turísticas. 8.- Hay en este libro dos casos que quiero considerar “rescates” muy especiales para Sevilla. Uno es Antonio Núñez de Herrera, que no es un rescate en sí pero que, como solemos decir, nunca ha “cuajao”. Su obra Teoría y realidad puede ser tomada como un eje de referencia literario que asume muchos de los presupuestos de este libro. El otro, en el mismo sentido y desde la ilustración gráfica, es el de Helios Gómez. ¿No crees que son un ejemplo de esa creatividad que permanece solapada en Sevilla? Claro, negar lo moderno se ha convertido en algo idiosincrásico de esta ciudad. Por ejemplo, Bécquer, el primer poeta moderno en español, casi como Baudelaire en la tradición francesa o Poe en la anglosajona, y aquí marca un quehacer tan estéril como repetitivo sobre no se qué olor y no se qué color y no se qué sensación, sentido musical... como si Celan o los language poets norteamericanos o Horaldo de Campos no partieran de esas mismas herramientas poéticas. Ahora mismo acabo de ver una magnífica exposición de Barbadillo y de muchos de los artistas que trabajaron en el grupo de Cálculo de la universidad de Madrid, sevillanos algunos de ellos. Pues bien, la crítica generalmente legitima a Barbadillo encontrando no se qué conexiones con artistas locales anecdóticos, como Carmen Laffón. Pero si la obra de Barbadillo es muy superior a la de Laffón, o a la de Teresa Duclós o a la de Joaquín Saenz. ¿Con qué ojos se miran estas obras? La diferencia muchas veces entre las estampas que buscan los turistas y las que la élite de esta ciudad consume, es que se pretenden más sofisticadas, pero, al fin y al cabo las mismas estampitas. El caso de Helios Gómez igual. Un artista gráfico sevillano, vanguardista y excepcional. No existe producción en torno a la Guerra Civil española –marco en el que desarrolló gran parte de su trabajo- que no acuda a sus imágenes, la mayor de las veces sin citarlo. Cuando el IVAM de Valencia organizó su exposición nadie en esta ciudad se preocupó de traerla y tenemos que aguantar la escuela de paisaje de Alcalá de Guadaira... ya lo dije antes, una donde viven los turistas y otra donde vive la gente. 9.- Las manifestaciones de lo sagrado, una vez tamizado por la modernidad y su expresión en la vanguardia, las asemejas al concepto de “gag”. Y se me vino, no sé por qué, a la cabeza el “via crucis” que realiza un Cristo en Santiponce, en Semana Santa, por toda Itálica, para al final hermanarse con la Venus desnuda en el recinto de las ruinas, como en uno de esos careos entre Madre e Hijo, casi incestuosos, que se suelen organizar en otros lugares entre el “paso” de Cristo y el de la Virgen. Recuerdo que lo cuenta en un poema Francisco Vélez Nieto y me lo contó el autor personalmente como un suceso que difícilmente pudo describir con palabras, por lo que se limitó en su poema a describir el acto y a la exclamación de que estaba ante un acto surrealista. Sin duda es uno de esos “gag” de la modernidad de los que registras en el libro, que quedaría reservado exclusivamente a la imagen y a la gestualidad. Es otra lección tomada con Agamben. Él sitúa etimológicamente el gag –el actor que intenta expresarse con la boca llena y tiene que hacerlo con gestos, con las manos- con el wittgensteniano tópico, hablar de lo que no se puede hablar... es decir establece unas conexiones entre misticismo y broma, entre amor y humor, también en esa reconsideración general de lo sagrado. Curiosamente el libro esta lleno de gags. Las visiones de Giménez Caballero al describir el combate entre la ciudad moderna y una procesión de semana santa, con ese Cristo convertido en palo de la luz que tanto encantara a Luis Buñuel. O la revolución que Nuñez de Herrera relata en la Macarena, acabando el hermano mayor en una tina teñido de añil. O las asimilaciones entre estética futurista y misticismo en la pluma inédita de Helios Gómez. O la descripción mordaz que hace el conservador Morand de los católicos señoritos andaluces. O esas arqueológicas e irreverentes saetas que rescató Ortiz Nuevo y que uno puede figurárselas con el policía municipal buscando entre la bulla al ciego que las estaba cantando. O, ¿qué decir de las criminales orgías que describe Bataille? ¿Serían soportables si no adivináramos grandes dosis de humor, ecos de enormes carcajadas a la vez que un intento por ser capaz de hablar de aquello de lo que no puede hablarse? Hay dos libros que pueden considerarse el reverso de los viajes que están en este. Me refiero a Joselito en Rusia de Martínez de León y a El maestro Juan Martínez que estaba allí de Chaves Nogales. La historia de dos sevillanos, dos flamencos para más señas, que viven la revolución rusa. Son dos libros que por cómicos apenas son valorados, cuando se trata de dos obras maestras que encuentran sus momentos álgidos precisamente en los sucesos trágicos, en la reflexión política... son tan descreídos que ni tan siquiera están dispuestos a desencantarse del fracaso de la revolución. Son el reverso del turista, su chaqueta vuelta del revés, son dos héroes modernos de lo que Borys Groys en La ciudad en la era de la reproductibilidad turística ha descrito magistralmente como signo de nuestra época: hombres sin contenidos, humoristas, sumas y restas del romanticismo de los viajeros del XIX y de los cosmopolitas vanguardistas que atraviesan la ciudad moderna. Sólo podemos esperar historias así de nuestros inmigrantes, cuando llegue el momento en que el magrebí o el ecuatoriano empiecen a dejarnos desnudos, contando su historia en esta ciudad.
Bueno me conformaría con que se convirtiera en una buena herramienta para los propios habitantes de esta comunidad. Muchos de los turistas que vienen lo hacen ya después de leer a Bataille o ver una exposición de Picabia. El asunto está en que, cada vez más –y vuelvo aquí al atropello de los dos suizos- la ciudad no sabe por qué vienen y se limita a ofrecerles un magnífico servicio de camareros. El gag es otro. Toni Negri se asombra de que en la última huelga general, en Sevilla, los piqueteros más activos fueran los de espectáculos y servicios, cerrando discotecas, cines, bares, hoteles, prostíbulos, bingos, salas de masajes y tablaos flamencos. ¿Acaso había otra industria, otro comercio que clausurar?
1 Primera portada del libro cuando éste iba a salir en una colección de temas sevillanos, parodiando sus diseños habituales. |