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Para cierto
sector de la musicología, en la obra de Pierre Boulez convergen tanto
los signos propios de la Vanguardia como los inherentes a estéticas
más recientes. En el esplendor de Darmstadt, la obra considerada unánimemente
faro de las nuevas preocupaciones de lenguaje fue Le marteau sans maître
de Boulez. Ahora, en plena crisis del modernismo, Jean Jacques Nattiez ve
en el Répons de Boulez el mayor logro musical contemporáneo.
En su ensayo Boulez à l’age postmoderne, Nattiez efectúa
una pertinente distinción entre modernismo y postmodernismo: “El
modernismo musical, el que se da en la época de postguerra, significa
la búsqueda inicial de un sistema con vocación universal, siempre
ávido de lo nuevo. Ahora, los músicos postmodernos favorecen
la multiplicidad de estilos, el rechazo de la idea de progreso a favor de
una música no experimental, inmediata y comprensible”. Paul Griffiths,
en Modern music and after, reniega de la pluralidad de estilos y la diseminación
del postmodernismo: “Desde los años 80 domina un estilo de imitación,
se relajan los materiales y la necesidad de novedad se desvanece. Incluso,
algunos autores e intérpretes se autopromocionan gracias a la grabación
fonográfica”. Francis Dhomont es más rotundo: “El
postmodernismo es impuro, permisivo, ecléctico, irónico, inmediato”.
En cuanto a su recepción, el modernismo profundiza en el divorcio con
respecto al público, mientras que el postmodernismo intenta ganar el
favor de los aficionados echando mano de estilos pretéritos. La Vanguardia
manejaba la idea de que un día sus creaciones serían comprendidas;
el postmodernismo, en cambio, confía en ser entendido inmediatamente.
Nattiez elige Répons como modelo a seguir por los despistados postmodernistas
(“Répons restaura el equilibrio entre los parámetros musicales.
El timbre está integrado en una estructura melódico-rítmica
a dos niveles: el de la gran forma y el del detalle sin que el segundo oscurezca
al primero”). Griffiths, en cambio, no tiene reparos en señalar
las debilidades que, evidentemente, lastran el discurs
o de Répons:
pobreza del arsenal electroacústico, línea melódica liviana
y rudimentaria y abuso de la métrica regular. Parece observarse en
Boulez un intento desesperado por ser Stravinsky, adoptando una postura objetiva
ante la obra y aplicando con frialdad un lenguaje poliestilista.
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